La historia la voy a postear cuando tenga un ratito de tiempo para escribirla.
Supongo que sera un capitulo por semana o uno cada dos.
Espero que les guste :D
Comenten!

P.D: aah y nose si tengo que aclararles que lean de abaro para arriba :P el prologo es antes del primer capitulo

Capitulo 4

Conociendo

Los empleados no me conocían como los del restaurant de Wonderwalld, pero, aun así, nos ofrecieron una mesa para dos.
- Disculpa, estoy buscando a mi madre, Sam – le dije a uno de los camareros
- Un minuto – me respondió y apresuradamente se dirigió a lo que yo suponía que era la cocina.
- Mientras la esperamos, siéntate – Jeremy estaba apartando la silla de la mesa para que yo pueda sentarme, y así lo hice.
- Gracias
Estaba un poco ruborizada ante ese acto de caballerismo. Sinceramente, no estaba muy acostumbrada a estar con chicos de esta manera (una manera totalmente exagerada de mi parte. Eli diría: Tranquila, que no vas a casarte, solo es una cita. Cosa que en este momento, tampoco era)
- Así que… Dime ¿Irás al colegio este último trimestre, aquí en Queen Mary?
Queen Mary era el nombre del barrio privado en el que vivía ahora.
- Si, mama no quiere esperar al año próximo para mi incorporación en el colegio- dije con un encogimiento de hombros acompañando mis palabras.
Mi madre salió de la cocina con un repasador entre las manos, limpiándose lo que parecía carne picada.
- Hola Marilín y em…
- Jeremy, encantado de conocerla
Estrecharon sus manos y luego mi madre me miro como diciendo: Wow, estuviste pescando y sacaste uno de los grandes. A veces me avergonzaba de ella pero otras era graciosa.
En este caso era la primera, para mí.
- Mamá, Wes no tiene ganas de atenderme y me mandó para acá
- Hija, seguramente no fue así. Wes debe estar muy ocupado con las cosas de la mudanza, por que yo lo abandone para, casualmente, venir a trabajar – Dijo, fingiendo estar entristecida
- Como sea
- ¿Qué quieren para almorzar, chicos?
- Lo que pida Marilín, por mí está bien
- Está bien. Yo comeré… Un plato de spaghetti con salsa boloñesa, por favor
- Muy bien, cuando estén listos los traerán los camareros
Dicho esto, se largó otra vez a la cocina.
- Tu madre es muy simpática – Me dijo Jeremy
Me reí, otra cosa no podía hacer.
- SI, pero espera a verla cuando está enojada o algo así.
- Espero no verlo, mejor
Nos reímos los dos, esta vez
- Desde que te conozco, nunca pregunté por tu edad, Marilín
- Diecisiete años, cumplí hace poco. ¿Tú?
- Dieciocho, también cumplidos no hace mucho.
La primera vez que salía con alguien mas grande que yo (sí, lo se otra vez exagerando, solo estamos almorzando en el restaurant en el que trabaja mi madre)
- ¿Hace mucho llegaste a Queen Mary? – Le pregunté, solo para matar el rato
- No, hará cosa de un mes, tal vez menos
Que extraño, parecía apropósito.
En ese momento llegó un camarero con los dos platos de spaghetti.
- ¿Desea algo para tomar, señorita?
A eso tampoco estaba acostumbrada. Los camareros de Wonderwalld me conocían desde que estaba en el vientre de mi madre, así que solo me llamaban Mar, pero aquí, era la primera vez que venía.
- Una Coca-Cola, por favor
- ¿Y Usted, señor?
- Solo un exprimido de naranja
- Enseguida se los traigo
Creo que no habrían pasado ni dos minutos y el camarero ya estaba de vuelta con las bebidas.
- Gracias – Dijimos los dos al unísono
- No hay de que. Que lo disfruten
Estaban muy ricos, casi no hablamos en todo el rato que tardamos en comerlos (en realidad tendría que decir DEVORARLOS)
- Yo pago –Dijo Jeremy levantándose de la silla una vez que terminamos
- No, no – me apresuré a decir yo – Mi madre se encarga de eso
- ¿Estás segura?
- Si, seguro, no te preocupes
- Bueno…
Creo que mi cerebro (o corazón) es distinto al de los demás. No podía ser que me enamorara tan rápido de alguien.
- Vamos a dar un paseo – Dijo
- Esta bien
Seguido de eso, me tomó de la mano.
No me lo esperaba así que solo deje que el la agarrara por que yo no sentía nada en esa parte del cuerpo.
Lo que si sentía, para mi desgracia, era la sangre en mis mejillas, dándome un no muy leve rubor. No sabía que hacer, siempre me pasaba igual. Yo no estaba diseñada para estas cosas.
- Voy a mostrarte un poco de la belleza en la que vivimos ahora, y así podrás contarme algo de tu “anterior vida”
En la parte de “tu anterior vida” gesticulo unas comillas con dos de los dedos de la otra mano que le quedaba libre
- No hay mucho que contar, igual. En mi colegio no era de las famosas “populares”. Tampoco había.
- Qué lástima que no pueda decir lo mismo de este colegio.
- ¿Eso que quiere decir?
- Eso quiere decir, que, lamentablemente, no corremos con esa misma suerte. Es como en las películas o las series de televisión. Tres rubias que entre las tres suman 5 neuronas, intentando dominar el colegio, y bla bla bla
Solté una carcajada a su comentario de las neuronas. Me hacia acordar, realmente, a las series que veía cuando era mas chica en la televisión.
- Y seguramente está el grupo de los “Nerdis”, la contra de las rubias con pocas neuronas ¿No? – me reí
- Sí, auque hay muy pocas como las que tu llamas “Nerdis”, pero es todo el curso contra ellas, digamos.
- Ah, ya – Dije, suspirando – Será cuestión de adaptarse
- Espero que Sendra, Erin y Leila no te hagan la vida imposible estos tres meses hasta que eso pase
- ¿Esas son las tres rubias des-cerebradas de las que me hablabas?
- Si – Río entre dientes
Su celular empezó a sonar. Antes de contestar miró el identificador de llamadas y suspiró.
- Lo siento, tengo que contestar – Me dijo
- Adelante
Era su madre y lo necesitaba rápido. Hablaba apresuradamente y tan fuerte que yo misma podía escucharla sin estar cerca del teléfono. Cuando colgó me dijo:
- Lo siento, Mar, tengo que irme
- Nos vemos el lunes, en el colegio – Y le sonreí
El me devolvió la sonrisa. ¡Por Dios! No podía ser mas guapo.
- Adiós
Y me dio un beso en la mejilla.

Capítulo 3

Descubrimientos

- Estabas soñando, Marilin

- Era tan real, tan real – Dije entre sollozos

- Ya pasó, era solo una pesadilla

Estaba bastante aturdida, seguía sin entender nada y estaba a punto deponerme a llorar.

- Quiero estar sola Wes

- ¿En serio? No tengo problema en estar contigo

Pero YO si –Pensé- ¿Hacía esto para que yo lo quiera? No lo sabia, pero parecía.

- Si, es en serio. Déjame sola, por favor.

- Está bien – Dijo rindiéndose – Por si acaso, estoy abajo

Estaba por salir de mi habitación cuando recordé algo

- Espera, Wes

- ¿Si?

-¿Está bien mamá?

- Si, fue al restaurant a trabajar. ¿Por qué?

- No lo sé, solo quería saber

En realidad, solo quería asegurarme de que mi pesadilla solo quedaba en mi mente.

- Bueno Mar, te dejo sola – Parecía como que le costara hacerlo, pero igualmente salió de mi cuarto y cerró la puerta a su paso.

Eran las diez de la mañana. Ya no podría dormirme, así que me incorporé y me dirigí al baño.

Me lavé la cara y preparé la bañera. Un baño no me vendría nada mal para despejar mi mente.

Mientras esperaba que se llenara, tomé la ropa que me pondría después y prendí el ordenador, la bañera tardaría bastante en llenarse, por el tamaño que tenía.

Esta vez, no estaban ni Eli ni Rachel, por lo tanto me limité a revisar el correo. Tenía algunos mails spam, pero ninguno importante.

Cuando ya no supe que hacer, lo apagué de nuevo.

No sabía que hacer para matar el rato, tal vez podría bajar a desayunar algo.

Salí de mi cuarto y bajé las escaleras. Tenía al menos veinte minutos más, pero no iba a comer algo elaborado.

Saqué un vaso del estante y lo puse sobre la mesada. Fui hasta la heladera, tome la leche, la vertí en el vaso y volví a guardarla en la heladera.

Agarré el vaso y lo llevé a la mesa, junto con un par de galletas con chocolate que había preparado mi madre.

Desayuné en silencio, escuchando el sonido de las cajas que estaba corriendo Wes para acomodar las cosas de la mudanza.

Me tomé mi tiempo y lavé todo cuando terminé.

El baño ya debería estar listo.

Subí y fui a mi cuarto. Tomé la ropa y la llevé al baño.

El agua ya estaba tibia y cristalina lista para que yo entrara a bañarme.



- ¿Marilin? – Gritó Wes desde donde sea que estuviera - ¿Estas en tu habitación?

- Si, acabo de terminar de bañarme. ¿Qué sucede?

- Estoy muy ocupado con la mudanza como para cocinar algo ¿Te molestaría ir al restaurant a almorzar con tu madre?

Con tal de no estar con él…

-Para nada- Respondí

En cinco minutos yo ya estaba abajo y fuera de mi casa.

Era mi segundo día en este barrio privado, por lo tanto, no conocía nada.

Tendría que encontrar el restaurant por cuenta propia. Mi madre mencionó que estaba cerca de la plaza pero ¿Y la plaza?

Caminé hacia lo que parecía ser el “centro” un buen rato, hasta que a lo lejos vi a unos niños corriendo y algunos juegos infantiles. Esa debería ser la plaza.

Cuando me acerqué más, lo reconocí.

Estaba sentado en una de las hamacas, inmóvil, con los codos apoyados en las rodillas y las manos ahuecadas, sosteniendo su cabeza. Parecía pensativo, tan hermoso.

No sabía si ir a saludarlo o solo pasar por al lado. Pero entonces, como si me hubiera escuchado, levantó la cabeza, me miró y sonrió.

No pude evitar sonreírle en respuesta, y caminar hacia las hamacas para estar con él.

Cuando estuve lo bastante cerca para escucharlo, me dijo:

- Hola, Marilin

- Hola Jeremy, por favor, dime Mar

- Está bien, Mar – Y volvió a sonreír. Era más hermoso aún cuando lo hacía. Dejaba al descubierto sus perfectos y blancos dientes. Se le formaban hoyuelos en las mejillas, que lo hacían parecer más pequeño.

- Gracias

- ¿Vives por aquí cerca?

- Si, a algunas cuadras. ¿Y tú?

- También – Pero paso más tiempo fuera que dentro. Mis padres no están pasando un buen momento y el ambiente se torna muy insoportable en mi casa, estos días.

¿Por qué me contaba todo esto?

L e hice una mueca que decía “lo siento”

- Yo ahora estaba yendo al restaurant a comer algo

- Que extraño ¿No te dan de comer en tu casa? – Río entre dientes y yo también.

- Es que mi madre trabaja allí, y mi… padrastro –me costó un poco decirlo – Está ocupado con las cosas de la mudanza

- ¿Puede ser que Samanta sea tu madre?

- Si ¿Por qué?

- Son algo parecidas

-¿La conoces?

- La vi pasar hoy temprano y un cliente preguntó por su nombre y yo escuché…

- Ah – No se me ocurría nada que decir – Bueno, no se si has almorzado ya, pero si quieres puedes venir conmigo al restaurant

- Me encantaría, gracias

Otra vez su sonrisa casi me ciega. Creo que era lo más hermoso de toda su cara, aunque era muy difícil de decidir, ya que era perfecto.

Caminamos en silencio, un poco incómodos, hasta que entramos al restaurant

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